Publicado por: Felipe Vidal
Un 10 de febrero, pero en 1997, se publicó Blur, álbum homónimo con el que la banda británica liderada por Damon Albarn decidió cambiar su sonido y onda britpopera de trabajos anteriores, para apostar por una mezcla experimental entre el indie rock, lo-fi y art rock que marcaría el fin de un sonido ilustre en el Reino Unido durante los años 90’.
Tras el éxito masivo de “Parklife” (1994) y “The Great Escape” (1995), la banda londinense se convirtió en uno de los pilares de la escena pop británica, aunque la prensa local no tuvo piedad al momento de establecerlos como la sombra de Oasis, que había obtenido éxito mundial con su disco “(What’s The Story) Morning Glory?” en 1995, algo que, en contraste, Blur nunca había logrado.
Al mismo tiempo, el mayor drama interno que el grupo vivía era estar atrapados en una caricatura de sí mismos, marcada por letras irónicas, melodías de fácil agrado y una estética radicalmente inglesa que se volvió agotadora. Estas situaciones puntuales los llevaron a desarrollar nuevo material, pero bajo una filosofía distinta con respecto a los trabajos anteriores.
La banda ya sabía qué era estar en lo más alto y se sentían en lo más bajo, fue entonces que arriesgaron por “matar” al britpop y adoptar un sonido más auténtico. Esta vez, Graham Coxon (guitarrista) tuvo un rol más protagónico y convenció a Damon Albarn (voz) y la productora de agregar ritmos influenciados por el indie rock estadounidense, más simple y distorsionado, al estilo de bandas como Sonic Youth o Pavement.
Albarn, en cambio, atravesaba un periodo personal más introspectivo y caótico, (lo que luego se reflejaría en las letras de algunas canciones del álbum), al ser convertido en un blanco fácil de burlas para los medios locales, mientras que al mismo tiempo su relación con Justine Frischmann, cantante de la banda Elastica, se volvía cada vez más inestable.
Con esos antecedentes, el cuarteto (completado con Alex James en el bajo y Dave Rowntree como baterista) se encerró en los estudios Mayfair de Londres para comenzar el periodo inicial de la grabación de su nuevo disco. Más tarde, se trasladarían a Reykjavík, Islandia; para el resto de su desarrollo, que duró entre los meses de junio y noviembre de 1996.
Todo lo que se comentaba antes se trasladó al contenido del álbum homónimo: un estado de desconcierto, pero una evidente transición, con canciones ruidosas, producciones de baja calidad, letras más sinceras y otras menos maquilladas, alejadas del antiguo Blur. El mayor ejemplo de esto es Beetlebum, el single principal: una canción lenta, pesada y melancólica, con una letra marcada por el desgaste emocional y la adicción a las drogas.
En contraste le sigue Song 2, un tema sin sentido y simple que nació como respuesta paródica al grunge americano de inicios de los 90’. Paradójicamente, esta pista se volvió la canción más popular de la banda, con más de mil millones de reproducciones en Spotify.
Siguiendo el recorrido del álbum encontramos canciones como M.O.R. y Strange News from Another Star, con referencias claras a David Bowie, –que incluso recibió créditos en la primera pista–. También está Death of a Party, que retrata el vacío y desencanto que experimentó la banda cuando llegó al reconocimiento masivo y la rutina se volvía repetitiva.
El producto final desconcertaba a la disquera, que cuestionaba si el álbum alcanzaría el éxito de trabajos previos, ya que el cambio de sonido era tan radical que tachaban el acto de lanzar el disco como un “suicidio comercial”. A pesar de todo, finalmente tomaron el riesgo.
Tras ser publicado, Blur (1997) lideró la lista del UK Albums Chart durante el mes de febrero, certificándose como disco de platino. De igual manera, el álbum no igualó en ventas a sus antecesores, pero esto se remedió cuando se convirtió en el material más exitoso de la banda a nivel internacional.
Incluso, gracias al éxito de “Song 2”, el disco alcanzó el puesto 61° del Billboard 200 de Estados Unidos, siendo el más triunfal en esas tierras y marcando la redención de la banda con el mercado americano, luego del fracaso que fue la gira estadounidense de la agrupación en sus inicios.
El álbum homónimo de Blur dividió opiniones y desconcertó a parte del público, pero confirmó que la banda londinense prefería arriesgar con sinceridad antes que seguir una misma fórmula. A casi tres décadas de su lanzamiento, el disco sigue siendo una obra clave para entender la historia de la música británica de los años 90’.









