Por: Felipe Vidal Mena.
El 09 de febrero de 2004 se publicó el disco debut de la banda escocesa Franz Ferdinand, obra exitosa en el indie rock de comienzos del siglo XXI. El álbum marcó un punto de inflexión al combinar guitarras filosas, bajos protagonistas y ritmos pensados para la pista de baile, que serían parte del sello característico que definiría a la banda hasta la actualidad.
Formados en Glasgow a comienzos de la década, Franz Ferdinand pasó de tocar en escenarios alternativos de Escocia a convertirse en uno de los nombres centrales del indie rock de los 2000. En primer lugar, iniciaron su camino con el EP “Darts of Pleasure”, lanzado a través de Domino Records unos meses antes de la grabación de su disco homónimo.
Más tarde, el 12 de enero de 2004 publicarían su sencillo “Take Me Out”, pieza clave para entender el éxito que lograría el álbum a estrenar, ya que llegó al puesto 3 en listas del Reino Unido y actualmente es la canción más escuchada de “los archiduques”, con más de 1.200 millones de reproducciones en Spotify.
Finalmente, el disco se construyó sobre la mezcla de los bajos protagónicos de Bob Hardy, la carismática voz de Alex Kapranos, los riffs de guitarra pegajosos de Nick McCarthy (junto al vocalista) y las implacables batería y percusión de Paul Thomson.
Esto se demuestra en canciones como “The Dark of the Matinée”, “Darts of Pleasure” y la anteriormente mencionada “Take Me Out”, que además de capturar ese espíritu lleno de ironía y elegancia, también lograron una masiva difusión a través de sus videos musicales transmitidos por MTV, catapultando a la banda hacia la fama mundial.
Con el disco ya publicado, el éxito fue inmediato; logrando recibir una amplia aclamación de la crítica (de medios como NME o la revista Rolling Stone), instalándose en los primeros puestos de las listas británicas y posteriormente recibiendo el Premio Mercury como el mejor disco británico del año. Aquel alcance definió al grupo escocés como uno de los referentes del indie rock en su generación –habiendo apenas debutando en la industria–.
En una época marcada por sonidos como el pop o el nu-metal, Franz Ferdinand y su disco homónimo demostraron que el indie podía ser masivo sin perder identidad, y que el rock podía volver a ser bailable sin renunciar a su actitud. Eso y mucho más consolidaron a la banda como una de las piezas únicas en la historia de la música.









